A mi abuelita

La pregunta que hasta ahora no me he contestado, basta ya, es preciso que uno, aunque pequeño, piense qué puede ser después.

Seré marino para mirar a lo lejos el horizonte de la vida, y en las claras noches de luna entonar dulces himnos de amor. ¿Seré acaso doctor para recetar duros medicamentos, bacalao, aceite de ricino…?

¿Acaso seré agricultor para cosechar mieses de inocencia? ¿Seré yo un poeta que admire lo bello, que hable a los pájaros, que adore a las flores, que al evocar la floresta sienta yo los deseos de cantar, cantar con la voz de mi alma?

Sí, he decidido ser poeta, poeta que canta, que hace cantar el alma y que emociona el corazón…

27 de julio de 1937                                                                                                               G. Blanco

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