Jacobito apareció desde la mañana en actitud sospechosa. Acarreaba para todas partes una libreta de apuntes, que abría a cada rato, y murmuraba algunas frases entre dientes. Conociendo los antecedentes de mi hijo, descarté la posibilidad de que estuviera estudiando. ¿En qué andaba entonces?
A la hora de almuerzo saltó la liebre.
—Oye, viejo —me lanzó, con ese respeto suyo casi reverencial,
¿sabís una custión?
Confesé que no sabía ninguna custión.
—Tengo que hacerte unas preguntas.
Me recogí, en un espectáculo que debe de haberse parecido al
que da una almeja cuando le echan limón.
—¡Preguntas? —pregunté.
—Preguntas —confirmó Jacobo.
—¡Sobre?
—Custiones —creyó explicar.
—Ah.
Me miró con ojo crítico.
—Chitas que estay entusiasmao.
—Hum.
—¡Qué te pasa?
—Custiones —contesté.
—Puchas —dijo, comprensivo.
Pero ya me había picado la curiosidad.
—¿De qué se trata? —inquirí.
—¿Qué cosa?
—Tus preguntas, pues.
—Ah, sí. Custiones —repitió.
Y luego de un instante de profunda meditación, como quien
agrega detalles superfluos:
—Es una encuesta.
Si antes había hecho más o menos bien el papel de almeja sometida a una ducha de limón, ahora llegué sin duda a la cúspide de mi carrera dramática. Les tengo alergia a las encuestas.
—Habla con tu mamá —sugerí.
—Chis. Ya la interrogué qué rato.
—¿Y no te basta?
—No. Tengo que encuestar a todo el grupo familiar —sentenció, con la suficiencia de un sociólogo.
—Porla.
—Sí.
—¿Y de dónde te salió la encuesta esa?
—El vie… el profesor de Lecciones de Cosas nos encargó que la hiciéramos.
—¿Lecciones de cosas?
—Hum.
—¿No será Lecciones de Custiones?
—Güena. Mañana me río.
La verdad es que no me quedaban muchos más argumentos, y mientras más argumentos diera, más rato íbamos a estar hablando y menos siesta podría dormir, porque era sábado. Así es que me rendí:
—Ya. Dispara.
Jacobito blandió su libreta.
—¿Cuál es tu grupo socioeconómico?
Tuve que agradecer al cielo que la pregunta no fuera: ¿Qué significa grupo socioeconómico?, porque ahí sí que me habría partido.
Craneé un rato y repuse:
一B.
Jacobo no captó la ironía. Muy serio, preguntó:
—¿B larga o V corta?
—Más bien corta —contesté, pensado en lo de económico.
—Hum —gruñó el aprendiz de sociólogo—. ¿Y tu participación en las actividades comunitarias?
—¿Ah?
—¿Es activa, mediana, pasiva, negativa?
—Disyuntiva.
Jacobito anotó, sin asomo de sonrisa.
—¿Te sientes realizado?
—¡Coronta!
Jacobo estaba por anotar cuando lo contuve.
—No, idiota —le dije con ternura—. Coronta es una exclamación, no la respuesta. ¿Crees que no estoy realizado? ¿De dónde sacas esa tontería? Tengo cuarenta años, peso ochenta y dos kilos, calzo cuarenta y uno… ¿crees que estoy en vías de desarrollo?
—Yo no creo nada. El que contesta eres tú. ¿Estás realizado o no?
Miré mi anchurosa cintura y repliqué:
—Súper realizado.
Contesté otras “custiones”. Pero me he quedado con el cominillo: a lo mejor existe el grupo socioeconómico V, y hay una participación disyuntiva en las actividades, etc. La cosa es: ¿qué demonios significan?
(Ahí va esa, 1973).